En nuestra consulta atendemos con frecuencia a personas que llegan con una duda muy concreta: «Oigo bien en general, pero me cuesta entender cuando hay ruido o cuando alguien habla de espaldas. ¿Necesito audífonos?» En muchos de estos casos, tras realizar la audiometría, encontramos una pérdida auditiva de alta frecuencia. Este artículo está pensado para ti si te encuentras en esa situación.
¿Qué es exactamente una pérdida auditiva de alta frecuencia?
Es un tipo de pérdida en la que tu audición en tonos graves y medios es normal o casi normal, pero a partir de los 2.000 Hz (lo que llamamos frecuencias altas) existe una caída significativa. En el audiograma lo vemos claramente como una curva que desciende hacia la derecha.
¿Cómo sabes si podrías tenerla?
Estos son los signos más habituales que nos cuentan nuestros pacientes:
- Ya no escuchas el canto de los pájaros ni el sonido del agua corriendo
- Subes el volumen del televisor más de lo que solías, o tu familia te lo comenta
- Pides que te repitan con frecuencia, sobre todo en ambientes con ruido de fondo
- Pierdes consonantes como la s, la f, la t o la k, lo que hace que las palabras suenen incompletas
¿Por qué ocurre?
En nuestra experiencia clínica, las causas más frecuentes son:
- Exposición prolongada al ruido: construcción, hostelería, música en directo, militares, docentes de infantil o primaria, aficionados al motociclismo o al tiro deportivo
- Infecciones de oído medio repetidas en la infancia (otitis media), que pueden haber afectado sin saberlo a la audición en agudos
- El propio envejecimiento del sistema auditivo, que comienza precisamente por las frecuencias altas, habitualmente a partir de los 50-60 años
¿Cómo se gestiona?
Lo primero es realizar una audiometría completa en consulta. A partir de ahí, si confirmamos la pérdida, los audífonos son la herramienta más eficaz. Y aquí es donde nuestro trabajo como audiólogas marca la diferencia, porque no se trata solo del aparato, sino de cómo se ajusta.
Los audífonos pueden ayudarte de tres formas:
- Amplificación selectiva: solo amplifican las frecuencias donde tienes pérdida, sin distorsionar el resto de tu audición
- Reducción de frecuencia: en pérdidas más severas, el audífono puede «trasladar» los sonidos agudos a una zona que sí puedes escuchar. Requiere un periodo de adaptación, pero es una herramienta muy valiosa
- Gestión del tinnitus: muchos pacientes con esta pérdida tienen también un pitido agudo. Los audífonos modernos incluyen programas específicos para aliviarlo
¿Qué tipo de audífono recomendamos?
En el Centro del Audífono, para este perfil de pérdida, solemos orientar hacia:
- Modelos RIC (receptor en el canal): son los más adecuados porque permiten usar cúpulas abiertas o micromoldes según el grado de pérdida, evitando el molesto efecto de oclusión (esa sensación de «tapado» al hablar)
- Con conectividad Bluetooth: nos permite hacer seguimiento y ajustes en remoto, lo cual es muy útil porque este tipo de pérdida requiere más sesiones de fine-tuning que otras
- Phonak con receptor ActiveVent: una solución que nos entusiasma especialmente para este perfil. Este receptor tiene un mecanismo interno que cambia automáticamente entre ventilación abierta y cerrada según el entorno. En un restaurante ruidoso, se cierra para mejorar la comprensión del habla; en un entorno tranquilo, se abre para que escuches los graves de forma natural. Es el equilibrio perfecto para una pérdida de alta frecuencia
Lo que debes saber antes de empezar
Queremos ser honestas contigo: adaptar audífonos para una pérdida de alta frecuencia puede requerir algo más de paciencia que otras pérdidas. Los principales retos son:
- Encontrar el equilibrio entre ajuste abierto y cerrado, porque cada uno tiene sus ventajas e inconvenientes en tu caso concreto
- Si se usa reducción de frecuencia, el cerebro necesita un tiempo para reaprender a interpretar esos sonidos en una nueva banda. No te desanimes en las primeras semanas
¿Tienes que llevarlos todo el día?
Es una pregunta que nos hacen mucho. La respuesta depende de tu pérdida y de tu estilo de vida. En muchos casos, nuestros pacientes los usan especialmente en situaciones comunicativas exigentes (trabajo, reuniones, restaurantes), aunque con el tiempo suelen acabar llevándolos de forma continuada porque notan la diferencia.

