Un estudio a gran escala revela que las personas con pérdida auditiva tienen más probabilidades de desarrollar Parkinson con el tiempo, y que llevar audífono puede reducir ese riesgo de forma significativa.
Tamaño del estudio
- El más grande hasta la fecha
- Seguimiento
- Hasta 10 años
- Detección precoz
- Desde el año 1
¿Qué encontró el estudio?
Las personas con pérdida auditiva confirmada mediante pruebas objetivas tienen un mayor riesgo de desarrollar enfermedad de Parkinson. Y cuanto peor es la audición, mayor es ese riesgo. Las diferencias empiezan a apreciarse ya en el primer año desde el diagnóstico auditivo, y se vuelven mucho más marcadas a lo largo de la siguiente década.
Lo que distingue a este trabajo de investigaciones anteriores es que no se basó solo en diagnósticos médicos ni en registros clínicos —que pueden estar incompletos—, sino en audiogramas reales, es decir, mediciones objetivas de la capacidad auditiva de cada persona.
El audífono como posible escudo
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio es que las personas con pérdida auditiva que usaron audífono en los dos años siguientes al diagnóstico tuvieron un riesgo menor de desarrollar Parkinson. No es la primera vez que se observa algo así: investigaciones previas sobre demencia apuntan en la misma dirección.
Estudios similares sobre demencia muestran que los usuarios de audífono presentaban tasas significativamente más bajas de deterioro cognitivo en comparación con quienes no lo usaban.
Los investigadores son cautelosos: aún no está claro si este beneficio se extendería a cualquier persona con pérdida auditiva o solo a quienes reciben el audífono bajo los criterios clínicos actuales. Hacen falta más estudios.
¿Por qué podrían estar relacionados?
Los investigadores plantean dos explicaciones posibles.
La primera es que la pérdida auditiva podría contribuir directamente al deterioro neurológico. Existen indicios de que las personas con audición reducida presentan mayor acumulación de ciertas proteínas relacionadas con enfermedades como el Parkinson y el Alzheimer, así como más atrofia cerebral.
La segunda es una vía indirecta: oír mal lleva al aislamiento social, y el aislamiento es un factor de riesgo conocido tanto para el Parkinson como para la demencia. Además, el esfuerzo cognitivo extra que supone entender conversaciones con audición deteriorada podría agotar recursos mentales que en otras circunstancias actuarían como protección.
¿Qué significa esto para la salud pública?
El mensaje de los autores es claro: la revisión auditiva debería incorporarse a la atención primaria de forma rutinaria, incluso cuando la persona no se queje de problemas de oído. La pérdida auditiva leve ya supone un factor de riesgo añadido, especialmente si se combina con otros síntomas tempranos de Parkinson.
El argumento es sólido: las pruebas de audición son baratas, sencillas y sin riesgos. Si encima pueden influir en el desarrollo de una enfermedad neurodegenerativa grave, tiene mucho sentido incluirlas en los chequeos de rutina.
CENTRO DEL AUDÍFONO. Cirilo Amorós 17 Bajo. Valencia 46004

