¿Qué ocurre durante una prueba de audición pediátrica?
Las evaluaciones auditivas para niños pequeños suelen ser indoloras y, en muchos casos, se presentan como actividades lúdicas. El método empleado depende de la edad del niño, y existen dos tipos principales de pruebas:
Pruebas de comportamiento: Se utilizan con bebés mayores y niños pequeños. Observan la respuesta del niño ante distintos sonidos —como girar la cabeza hacia un altavoz o participar en un juego de escucha— para valorar su capacidad auditiva.
Pruebas objetivas (electrofisiológicas): Habituales en recién nacidos y bebés pequeños, miden la respuesta del nervio auditivo a los sonidos sin necesidad de que el niño reaccione activamente. La más frecuente es la prueba de Potenciales Evocados Auditivos del Tronco Encefálico (PEATE).
Señales de alerta: posible pérdida auditiva en niños pequeños
- Dificultad para seguir instrucciones o responder preguntas.
- Retraso en el habla o el lenguaje en comparación con otros niños de su edad.
- Ausencia de reacción ante ruidos fuertes o repentinos.
- Cansancio excesivo al regresar de la guardería, el colegio o actividades grupales.
- Problemas de comportamiento o dificultades de atención en casa o en el entorno escolar.
Factores de riesgo de pérdida auditiva
Causas temporales:
- Acumulación de cerumen en el conducto auditivo.
- Presencia de un cuerpo extraño (por ejemplo, canicas o piezas de juguete) en el oído.
- Infecciones del oído medio (otitis media o serosante).
- Obstrucción de la trompa de Eustaquio a causa de un resfriado o gripe.
Causas permanentes:
- Predisposición genética.
- Exposición a ruidos de alta intensidad, como explosiones (pérdida auditiva inducida por ruido).
- Traumatismos craneales o fracturas de cráneo.
- Enfermedades infecciosas como la meningitis.
- Infecciones perinatales, como el citomegalovirus (CMV).
- Malformaciones parciales o completas de las estructuras del oído.
Cómo afecta la pérdida auditiva al desarrollo del habla y el lenguaje
La pérdida auditiva puede manifestarse a cualquier edad y progresar de forma gradual, a menudo sin que los padres o docentes lo perciban. De hecho, el número de niños diagnosticados con esta condición se duplica al llegar a la edad escolar.
Aunque un niño haya superado la prueba de audición neonatal, es fundamental realizar revisiones periódicas para detectar cambios que puedan afectar al desarrollo del habla y el lenguaje. Algunos indicadores de este impacto incluyen:
- Habla difícil de entender o con pronunciación inconsistente (por ejemplo, decir «dar» en lugar de «carro»).
- Uso incorrecto de vocales (por ejemplo, «coro» en vez de «carro»).
- Omisión del sonido inicial de las palabras.
- Frustración al intentar comunicarse.
- Vocabulario limitado y dificultad para comprender el significado de las palabras.
- Problemas de concentración y seguimiento de instrucciones.
- Dificultad para responder preguntas que comienzan con palabras interrogativas (qué, quién, dónde, cuándo…).
Si le preocupa el desarrollo comunicativo de su hijo, un logopeda puede realizar una evaluación completa del habla y el lenguaje.
Tipos de pruebas conductuales (de 6 meses a 5 años)
Audiometría de orientación reforzada visualmente (VROA)
También conocida como prueba del títere, se emplea habitualmente con niños menores de tres años y medio. El niño aprende a girar la cabeza hacia un altavoz al escuchar un sonido; como recompensa, aparece un títere animado. Una vez que el niño comprende la dinámica, se comprueba si puede detectar sonidos cada vez más suaves.
Si el niño tolera el uso de auriculares, es posible evaluar cada oído de forma independiente. La mayoría de los niños disfrutan de esta actividad, lo que permite obtener un perfil auditivo completo en la mayoría de los casos.
Audiometría lúdica
Indicada para niños de entre tres y cinco años, consiste en escuchar pitidos o tonos a través de auriculares y responder mediante una tarea sencilla y entretenida, como introducir una moneda en una hucha o colocar una pieza de puzle. Este enfoque mantiene la atención del niño y permite evaluar la audición de cada oído en aproximadamente 30 minutos.
Timpanometría
Esta prueba evalúa el movimiento del tímpano introduciendo un pequeño tapón en el conducto auditivo y variando la presión para detectar posibles acumulaciones de líquido o congestión detrás del tímpano. Es completamente indolora, aunque puede resultar algo extraña para los más pequeños. Suele realizarse con el niño en brazos de un adulto de confianza, y dura apenas unos segundos.
Grados de pérdida auditiva
El tratamiento recomendado dependerá, entre otros factores, del grado de pérdida auditiva diagnosticado:
| Grado | Umbral auditivo | Impacto |
|---|---|---|
| Leve | 21–40 dB | Dificultad con voces suaves o conversaciones a distancia |
| Moderada | 41–55 dB | Afecta la comunicación diaria, especialmente con ruido de fondo |
| Severa | 56–70 dB | Dificultades significativas en conversaciones cotidianas |
| Profunda | +91 dB | Solo percibe sonidos de gran intensidad |
Los niños con pérdida auditiva moderada suelen beneficiarse del uso de audífonos. Los casos severos o profundos pueden ser candidatos a implantes cocleares.
Preguntas frecuentes
¿Cómo puedo preparar a mi hijo para la prueba? Puede familiarizar a su hijo con los auriculares dejándole escuchar su canción o cuento favorito antes de la cita. Explíquele, en tono positivo, que van a jugar a juegos de escucha y que un especialista le revisará los oídos con una lucecita. Si tiene edad suficiente, puede convertirlo en un juego: use una linterna pequeña para «mirar» dentro de su oreja y déjele hacer lo mismo con la suya.
¿Con qué frecuencia debería hacerse una revisión auditiva? Aunque el niño haya superado el cribado neonatal, se recomienda realizar revisiones auditivas al inicio de la etapa preescolar y siempre que surja alguna preocupación por parte de padres, tutores o docentes.
¿Cuál es el rango de audición normal en un niño? El rango auditivo típico se sitúa entre 0 y 20 decibelios en todas las frecuencias. El umbral inferior equivale aproximadamente al nivel de un susurro o al sonido de un grifo abierto.
¿A partir de qué nivel se considera pérdida auditiva? Se habla de pérdida auditiva moderada cuando el niño no percibe sonidos por debajo de los 56 dB (equivalente a una conversación normal), y de pérdida profunda cuando no se detectan sonidos por encima de los 91 dB (como el ruido de una motocicleta).
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