Acueductos vestibulares dilatados: una causa poco conocida de pérdida auditiva infantil

Escrito por: Cristina Faus Perez

07/08/2026

Si tu hijo tiene pérdida auditiva y el otorrino ha mencionado un «acueducto vestibular dilatado», es normal sentirse un poco perdido con el término. Te explicamos de forma sencilla qué es esta condición y por qué es importante conocerla.

Primero, ¿qué es un acueducto vestibular?

Dentro del oído interno, alojado en el hueso temporal (justo encima de la oreja), tenemos dos estructuras clave: la cóclea, que capta el sonido, y el laberinto vestibular, que controla el equilibrio. Junto a ellos hay un conducto óseo muy estrecho llamado acueducto vestibular, que conecta el oído interno con el interior del cráneo a través de un canal lleno de líquido.

Cuando este conducto mide más de 1 milímetro —aproximadamente el tamaño de la cabeza de un alfiler—, se considera «dilatado». Es lo que los médicos llaman AVD (acueducto vestibular dilatado), y normalmente cuando esto ocurre, las estructuras cercanas también se agrandan.

¿Provoca pérdida de audición?

Aquí viene un matiz importante: el AVD no causa directamente la pérdida auditiva. Lo que ocurre es que ambas cosas suelen tener el mismo origen. Es decir, el AVD funciona más bien como una «señal de alerta» que ayuda a los médicos a investigar qué está causando realmente el problema de audición.

Los datos muestran que la mayoría de los niños con AVD acaban desarrollando algún grado de pérdida auditiva, y que entre un 5% y un 15% de los niños con pérdida auditiva neurosensorial tienen esta condición.

La conexión con el síndrome de Pendred

En algunos casos, el AVD está relacionado con el síndrome de Pendred, un trastorno genético que también causa pérdida de audición infantil. De hecho, aproximadamente uno de cada cuatro niños con AVD y pérdida auditiva tiene este síndrome. Suele tratarse de una pérdida progresiva, lo que significa que puede empeorar con el tiempo, aunque cada caso es distinto.

También puede afectar levemente al equilibrio en algunos casos, aunque tranquilidad: el cerebro suele compensar muy bien este tipo de dificultades, por lo que la mayoría de los niños y adultos con AVD llevan una vida normal sin problemas de equilibrio notables.

¿Por qué ocurre?

La causa más estudiada son las mutaciones en el gen SLC26A4, aunque los científicos creen que también pueden influir otros factores genéticos o ambientales que aún no se conocen del todo.

¿Cómo se diagnostica?

Las dos pruebas más utilizadas son:

  • Resonancia magnética (RM): permite ver si el conducto y el saco endolinfáticos están dilatados.
  • Tomografía computarizada (TC): muestra directamente el acueducto vestibular.

Se suelen recomendar especialmente cuando la pérdida auditiva del niño aparece de forma repentina, afecta más a un oído que al otro, o va cambiando con el tiempo.

¿Tiene tratamiento?

Actualmente no existe ningún tratamiento que haya demostrado frenar o revertir la pérdida auditiva asociada al AVD. Es importante saber que:

  • Los esteroides no han demostrado eficacia comprobada para esta condición específica.
  • La cirugía en el conducto o saco endolinfático no se recomienda — de hecho, puede empeorar la audición.

Lo que sí puede marcar la diferencia son algunas medidas de precaución:

  • Evitar deportes de contacto que puedan causar golpes en la cabeza.
  • Usar casco en actividades como ciclismo o esquí.
  • Evitar el buceo y los cambios bruscos de presión (como la cámara hiperbárica).
  • Para viajes en avión: usar descongestionantes nasales si hay resfriado o congestión, aunque el riesgo en vuelos comerciales presurizados es muy bajo.

Lo más importante: la detección temprana

Cuanto antes se identifique la pérdida auditiva, antes podrá el niño empezar a desarrollar herramientas de comunicación —ya sea lengua de signos, palabra complementada, audífonos o implante coclear— adaptadas a sus necesidades. Esto marca una diferencia enorme en su desarrollo del lenguaje y su calidad de vida.

¿Se sigue investigando?

Sí. Aunque el gen SLC26A4 es la causa mejor conocida, no explica todos los casos de AVD. Por eso, distintos equipos de investigación continúan estudiando qué otros factores genéticos o ambientales podrían estar implicados, con el objetivo de mejorar el diagnóstico y, en el futuro, encontrar tratamientos eficaces.

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